Cada mañana me despertaba con el primer rayo de sol de mi ventana. El sonido del viento rosando las hojas de aquel añejo árbol bien cuidado que perteneció a mi familia por siglos, me recordaba a las caricias suaves de mi madre en mi infancia. Los pájaros felices anunciaban con fuerza la llegada del nuevo día, su potencia me hacia sentirme mas viva.
Me levantaba liviana como las plumas de mi almohada, y lo primero que hacia era sonreír al espejo, me gustaba que mi reflejo me devolviera la alegría que le daba. Con unos pocos pasos llegaba a donde la luz y corría las cortinas para que la claridad fuera total. En el marco de mi ventana me sentaba para cruzar el portal que me llevaba al mundo que me imaginaba. Allí estaba la estación de mis recuerdos. Los buenos encerrados en una caja fuerte que palpitaba con cada suspiro, y los malos tomaban el primer tren que pasara para perderse y ya jamas volver. Miles de recuerdos llegaban en los trenes atareados, algunos eran pasajeros y otros duraban para siempre. Los malos recuerdos que lograban mezclarse con la "multitud" rápidamente eran enviados a algún lugar en otro tren.
Esos 15 minutos que me tomaba en mi mundo cada día me permitían sonreír libre y cargar mi animo de energía positiva para contagiar a mi entorno.
Hay que aprender a dominar la estación de los recuerdos que hay en cada uno para guardar solo lo bueno. En el corazón lo malo ocupa mas lugar que lo bueno porque va acompañado del dolor. Así que busquemos fuerzas y saquemos eso que no debemos guardar. Pensemos que cada recuerdo malo que guardemos son dos recuerdos buenos menos que tendremos. Libérate de la carga para poder saltar los obstáculos. Se feliz con lo bueno, lo malo es solo oscuridad que no nos deja brillar
Anto♥

No hay comentarios:
Publicar un comentario