
Ella recién llegaba al paraíso…Él
ya casi se tenía que volver a la realidad.
Pero cuando todo es causa del
destino, es seguro que va a pasar. Y sus destinos se tenían que cruzar en
determinado momento y lugar…
Ella buscaba divertirse, con sus
amigas se encontró, la convencieron de esa noche ir a su habitación. Allí
empieza una historia, que nadie esperaba que sea de amor.
Se dice que cuando ella entro él
fijo la miró, ella un poco mas disimulada con algún pretexto se le acerco. La
charla nunca fue escasa, él la sabia llevar…la dejaba que hablara mucho
así más la podía mirar. Así entre copas
y copas la noche avanzo. Llego el momento de la despedida, la previa termino.
Ella se fue con sus amigas, él con sus amigos se quedo. Pero esa misma noche
guardaba más promesas, y mucha más pasión.
La segunda vez que ataco el
destino, muy desprevenidos no los agarro, ella iba caminando y bailando lo
encontró. A él no le gustaba perder el tiempo, así que se le acerco, esta vez
dejo mucho más claro cuál era su intención. Cuando más cerca lo tenía ella no
aguanto y sonrió, él le respondió con un beso el cual ella siguió.
Ella de sus amigas se olvido, él
hizo lo mismo. No les importaba nada se tenían a ellos dos. Se volvieron al
hotel, cuando la noche término apareció un nuevo día, que los separo. El quedo
en llamarla, a la tarde lo cumplió...ella lo dudo un poco pero al final respondió. Parecía que
por las noches despertaban la pasión. Ella usaba un vestido bien corto y lleno
de color que él de punta a punta con sus ojos recorrió.
Sabían que era el ultimo día que
se iban a ver, el se volvía a Buenos Aires ella se quedaba en Bariloche. Llego
la despedida, ella casi huyo, nunca fue buena despidiéndose…se quería escapar. El
se quedo sorprendido, sentía que la iba a volver a ver aunque no decía nada
pensando que era una locura.
Cuando ella volvió a Rosario, seguía
pensando en él. No entendía porque el recuerdo la tenía tan atrapada. Era una
noche de fines de Julio cuando él la contacto y ella muy contenta sin perder el
tiempo le hablo. Descubrieron que ambos no se habían olvidado, ella pensaba en
él con el más grato recuerdo mientras
que por su parte él no podía olvidar su perfume embriagador.
Desde ese día no dejaron de
hablar, se conocieron mucho más y se
empezaron a extrañar. Era necesario todo el día mensajear así se acortaba la
distancia que los lograba separar.
Él la hacía feliz, ella buscaba una nueva vida.
Hasta que un te amo a él se le escapo, aunque les daba mucho miedo la distancia
para una relación se terminaron poniendo de acuerdo y a Rosario en Octubre él viajó.
Después de una espera casi
infinita- la primera de todas- llego ese el 11 de octubre, cuando se cumplían 3
meses desde aquel primer día. Ella lo esperaba muy nerviosa en la terminal, un
poco histérica pero lo quería ver llegar. Él estaba muy ansioso, se quería bajar
del colectivo, la quería abrasar. Cuando al fin llego el momento ella corrió a su
encuentro, se metió entre sus brazos y se conectaron con un tierno beso.
Ese beso marco muchas cosas tanto
para ella como para él, dejaba de ser una posibilidad y se iba encaminando…no sabían
bien que eran pero sabían que sentían. Él no la quería de amiga ni ella de
amigo a él.
En la mañana del 12 salieron a
caminar, con el rio de fondo y el viento rosando sus caras se sentaron
abrasados y se pusieron a hablar. Cada vez iba más en serio. Él le confesó que
estaba enamorado y ella le correspondió. No tenían un titulo estable pero ya existía
una relación. Fue un día inolvidable para ella y para él. El mirarse y sonreírse
era puro placer.
Él le quería decir algo y buscaba
las palabras…ella con ansias lo esperaba, sentía mucha seguridad. Se acostaron
abrasados, mirándose muy de cerca, respirando el mismo aire. Él empezó a hablar
muy nervioso como era de esperar. Ella lo cortaba con sus besos, no lo quería dejar
hablar. Al final todo paso, él le hablo con el corazón, asumía que iba a ser difícil
pero era más fuerte su amor. Le propuso ser su novia y ella contesto “si quiero”
rápidamente casi al borde de las lágrimas por la emoción. Y desde ese día los
une el amor.
Lo más duro fue el último día
cuando él se tenía que ir. Parecía que la magia no era suficiente, la realidad
de la distancia era una pesadilla. Solo los consolaba la promesa de un
rencuentro pronto. Esa última noche lloraron los dos juntos se les acababa el
tiempo, se les derrumbaba su mundo.
La segunda despedida ella actuó
mejor, no huyo corriendo por ningún ascensor. Pero se quedo muy triste cuando
vio partir ese colectivo que se llevaba en él a una persona que ahora era más
que un amigo. Ella se tuvo que morder el labio para no llorar, por su parte él
muy triste con su carita no lo podía disimular.
Desde entonces no se dejaron de
extrañar cada día la espera dolía un poco más. Finalmente él la sorprendió diciendo
que volvería a ir para la fecha de su graduación. De nuevo comenzó la cuenta
regresiva, la espera se hacía más llevadera si se tenía una promesa de
reencuentro. No se conformaban con verse solo unos días, y buscaron todas las
formas posibles para pasar más tiempo juntos. Era la segunda vez que él venía,
a ella le tocaba ir, y se moría de ganas de hacerlo. Movió cielo y tierra hasta
que llego a su meta, convenció a su familia para que la apoyaran. Cuando ella
le conto él se puso muy feliz, por su lados ella sentía nervios pero estaba
segura de querer ir.
El primero de diciembre el volvió
a bajar de ese colectivo, ella sintió en su interior una revolución de
emociones, cada vez que lo veía le volvía el alma al cuerpo se sentía más que
un alivio. Él reflejaba sus emociones en una amplia sonrisa, no dejaba de
mirarla y todo el tiempo la quería besar. Estaban tan felices juntos no
pensaban en nada más.
Después de unos lindos días juntos,
la gran noche de ella llego. Todo el día lo tuvo a su pobre novio de acá para allá
en una eterna preparación, de peluquería a maquilladora hasta que la noche
llego. El la miraba muy paciente le gustaba mucho verla feliz. Cuando ella se
fue a su ultimo retoque de él se separo. Para cuando volvieron a estar juntos
ella ya estaba lista. Cuando él la vio un poco perplejo se quedo, la miraba
todo el tiempo más que lo normal aunque mucho no la podía tocar. Ella parecía una
princesa, muy feliz con su príncipe…vestidos de azul destellando brillo y pura
felicidad. Su noche fue muy mágica él la hacía mucho mejor.
Llego la mañana del 6, valijas
preparadas. Partían los dos. Ella estaba más nerviosa que nunca, lo llenaba de
preguntas. Él le respondía muy paciente y lleno de felicidad, todavía no podía creer
que se la llevaba. Una vez parados en la terminal, con un pie arriba del
colectivo ya no había vuelta atrás.
Cuando llegaron el papa de él los
recibió. Ella había dejado de hablar, solo respondía preguntas, la vergüenza podía
más, mientras que él actuaba con pura naturalidad. De todas formas a ella no le
costó mucho adaptarse, se sentía muy cómoda en ese lugar. De la mano de su
enamorado sentía que nada podía pasar. Conoció a su suegra, y descubrió que se
llevaban muy bien. Nada podía ser más perfecto. Pasaron días hermosos juntos.
El solo hecho de despertarse abrasados, mirar al otro dormir y recibir ese amor
incondicional era algo impagable. Pero como ellos ya esperaban, se iba a
terminar en algún momento, la distancia iba a cobrar su parte de nuevo y los
iba a separar sin la más mínima consideración.
Esa despedida fue muy dura cada
vez era peor. Cuantos más días estaban juntos mas dolía extrañarse, mas difícil
era la vida sin el otro a lado, sin un beso o un abraso de esos que reconfortan
el alma y curan cualquier herida. A ella le destruía ver la tristeza pura
reflejada en la mirada de su novio, no soportaba verlo sufrir y le rogaba que
no llorara porque sino tampoco se iba a poder contener. El colectivo llego,
ella se tuvo que subir después de un beso lleno de dolor. Él se quedo llorando
en la terminal, ella lloro sola en el colectivo. No podían, no querían entender
el por qué de todo eso.
La
distancia era muy traicionera, y les provocaba más que dolor. Muchas veces el
extrañarse tanto los hacía pelear mucho, era muy difícil la rutina. Ella
buscaba mantenerse ocupada todo el tiempo, a veces más de lo necesario…él se sentía
muy solo. Las diferencias se presentaban firmes. Los celos eran un enemigo también.
Aunque, en su medida, son tiernos, con la distancia como intermediaria se
convierten en un calvario. Llorar era algo muy normal para ambos parecía que estaban
mas sensibles que nunca. Pero se dieron cuenta que todos sus problemas nacían
de un amor excesivo que sentían el uno por el otro, permanentemente se sentían solos,
incomprendidos, con una sensación de injusticia inagotable. También aprendieron
a superar esos conflictos, siempre teniendo presente lo bien que se sentían estando
juntos. El secreto de una pareja perfecta no estaba en no pelear sino en poder
superar esas situaciones juntos y salir adelante defendiendo lo que realmente
les importaban. Eran muy distintos en muchas cosas, pero eso era lo que los hacía
tan unidos, eran un complemento de ellos mismos, lo que uno no tenía el otro
si, y lo que uno opinaba el otro lo respetaba a veces con un poco más de pesar
que otras.
Pasaron
las fiestas, llego un nuevo año y trajo consigo un nuevo plan, uno mucho más
prometedor y lleno de ilusión. Era la propuesta perfecta. Él la invitaba a
pasar unos días de vacaciones con en la costa. Como siempre intentaron alargar
ese plazo lo más posible. Era lo mejor hasta ahora, casi 20 días juntos…
impensable.
Él vino
a Rosario a buscarla, se quedo unos días y juntos partieron para Bs As. Los
primeros días ahí fueron los más difíciles, ella tuvo muchas dudas aunque seguía
convencida de que lo amaba. Cualquier razón estúpida era una pelea. Los enojos
eran cotidianos. Pero se terminaban solucionando, cuando el orgullo de uno de
los dos bajaba un poco el otro derrumba las barreras y todo volvía a estar
bien. Sufrieron, lloraron, tuvieron miedo y las mayores alegrías juntos, y todo
eso los hizo mucho más fuertes en lugar de debilitarlos. Al llegar el día de
partir para la costa todo estaba muy bien, ya no volvieron a pelear tanto, se
entendieron mejor.
Fueron las vacaciones más hermosas que vivieron los dos. El paisaje
era perfecto para ese romanticismo, amaban caminar de la mano por la playa, ver
la fuerza de las olas, reírse juntos y besarse al pie de la inmensidad del mar.
Cada segundo parecía ser un sueño. Las noches ya no eran dolorosas y solitarias
como cuando estaban separados…el tiempo pasaba muy rápido y ellos no querían desaprovecharlo.
Pusieron sus nombres en una pulsera, para nunca volver a
sentirse solos, para leerlo cada vez que se extrañen y saber que el otro está
igual, ansiando el momento del reencuentro, odiando la distancia, pensando en
su amor….en su prometido. Y así los envolvió una promesa de amor eterno
representado con el símbolo de un anillo que por ahora era solo eso una promesa
que un día seria una realidad.
Ellos
estando juntos se sienten más fuertes que el mar mismo, el viento no puede
derrumbarlos, y no hay arenas que puedan hacerlos caer…hoy hace casi 8 meses de esa primer mirada que unió sus
destinos, casi 5 meses de ese noviazgo que promete mucho mas. Hoy en día ya no
son ese chico despreocupado y testarudo, ni esa chica insegura y superficial,
fueron aprendiendo juntos el uno del otro, endureciendo debilidades y cuidándose
mutuamente, hoy en día no viven solo el momento sin importar el mañana, porque
se tiene el uno al otro, y ahí están dos protagonistas más de una historia de
amor que busca el éxito…planeando una vida juntos, con muchas metas y muchos
sueños. Deseando con todo sus corazones que el tiempo acorte esa distancia
torturadora que no los deja expresar la plenitud de este amor. Una historia de
dos que puede derrumbar cualquier miedo, cualquier dificultad…una historia que
no busca un final feliz, sino un transcurso feliz.