Sentí alegría de saber que mi espera por viajar a Brasil se terminaba esta noche. Ya tenia todo listo, valija con ropa maquillaje, sandalias protector solar…así cumpliendo una larga lista que mama nos dio a cada uno de nosotros para pasar las mejores vacaciones.
Matías mi hermano mayor, estaba ansioso también, pero el quería salir con los amigos por ultima vez antes de irnos de viaje. Pase a buscar agua a la heladera mientras escuche que discutía con papa diciéndole << ¡YA TENGO 18 DEJAME SALIR!>> y mi papa se negaba tranquilamente tomado la idea de que tenia que descansar antes del largo trayecto en auto hasta Brasil.
Hice caso omiso estaba regodeándome de ansiedad, el día se me alargaba mas a cada minuto.
Mama estaba en la cocina preparando la última cena en rosario hasta dentro de unos cuantos días.
Mis amigas me llamaron para desearme suerte. Me senté en la compu un rato para que el tiempo se acortara y me perdí en una que otra distracción. Me llamo la atención mi hermanito menor Tiago que me pedía que le lea un cuentito, lo trate un poco mal, porque no tenía ganas de ir. Le dije que le pida a Andrés mi hermano menor de 11 y se fue de mala gana pero se fue.
A los 5 minutos vino mi mamá a decirme que me comportara como la chica madura que soy y que fuera a entretener a mi hermanito de 3 años que ellos estaban ocupados y Andrés no había terminado las maletas. No opuse resistencia fui a leerle el cuentito que tanto quería. Matías seguía enojado por no salir, mensajeando con los amigos que lo regañaban por no ir de despedida a bailar.
No me podía quejar mis papas me iban a llevar a Brasil, siempre nos habíamos llevado bien. Todo esta perfecto en mi vida. Y tenía muchas ganas de broncearme en esas lindas playas, lejos de todo. Como un descanso antes de volver a la rutina y empezar mi último año de secundario, mis padres al trabajo, mi hermano mayor a la facultad, mi hermanito y su primer año de jardín y Andrés en su viaje a Carlos Paz.
Cenamos. Mati ya no tenia cara larga, el tele prendido provocaba un constante ruido de fondo que no me tome el tiempo de descifrar, eran solo palabras de algún tonto informativo o quizás un partido de fútbol repetido. Mi mama intentando darle de comer a mi hermanito mas chico que todo lo toma como un juego, algo normal a su edad. Andes permanecía bastante tranquilo, solo comiendo, quizás tan ansioso como yo compenetrado en imaginar las costas Brasileras. Es bastante temprano, pero papa tiene que descansar para manejar lucido y mama lo relevará en algunos momentos, el viaje es largo y las rutas no son como las argentinas. La otra familia amiga de seguro esta haciendo algo parecido a nosotros, ansiosos y preparados.
Todos duermen en casa, pero yo tengo los ojos bien abiertos, no tengo ganas de dormir. Leer tampoco es una opción que me encante ahora porque tengo demasiadas ganas de estar en Brasil como para prestarle atención a un libro. Necesito pasar el rato con algo que no requiera atención…la compu o la tele. Pero la tele puede despertar a alguien así que me quedo con la notebook, y de paso la uso desde mi cama.
De rato en rato, generalmente cada 10 o 15 minutos miro el reloj de la mesita de luz. Todo es tan lento.
Al fin suenan los despertadores combinados de los sincronizados celulares de la casa. ¡Todos arriba! Que empiece el viaje. Cargamos maletas, mas maletas, todos arriba, mi almohada en mano para que el viaje sea mas cómodo. Y se encienden los motores a la gloria.
Empecé el camino muy alerta y emocionada. Tenía mi teléfono con todo el repertorio de música que me gustaba; en fin, no eran 3 horas de viaje sino casi un día entero. El auto de adelante nos guiaba aunque todavía no habíamos salido de Argentina.
Hicimos varias paradas en estaciones de servicio. El que mas le cuesta quedarse quieto es a Tiago. Pero mamá la lleva bien, ella siempre nos calma a todos, no me imagino mi vida sin ella detrás de mí. Y se que Mati y Andrés también son muy apegados a ella.
Lindos paisajes decoran las ventanillas del auto que pasa los 100 Km. por hora. Los árboles en distintos tonos y tamaños siguen la carretera largos tramos, luego dan espacio a un descampado, plantaciones de soja y demás. Llevo a la vista las eternas líneas blancas del asfalto que se extiende derecho y continuo. De vez en cuando un camión, uno que otro peaje y animalitos por los costados de la ruta. Me sentí muy cómoda sola en el tercer asiento, especial para dormir aunque no planeaba hacerlo, la música me aturde llevándome mas al insomnio y la mullida almohada hace descansar mi cabeza, duré bastante conciente .Pero a la mitad me rindo y el sueño me vence.
Pero algo me sobresalto .Me desperté de la peor manera que alguien se puede despertar, y no precisamente con el reloj para ir al colegio. Sentí un impacto, una explosión, como si todo lo que estaba delante de mí desaparece. Y no me equivocaba. Algo quema mi pulmón, y casi no puedo respirar, perdí el habla y no puedo siquiera gritar solamente se deslizan grandes lágrimas de mis castigados ojos que lo ven todo por última vez. Mi pierna derecha quedo atrapada entre los restos del auto un dolor tremendo recorría mis destruidas venas. Y con cada jadeo me estremecía más. Pero lo peor no era mi dolor físico. Vi sangre en las blancas líneas de la calle. No se en donde estoy, el auto que nos guiaba desapareció. Y en frente solo quedan objetos destruidos entre fierros y un colectivo en ruinas también. Quisiera estar soñando, abría pensado que así es si no sintiera tanto dolor. El aire escaso me hizo desvanecer y no me quería imaginar lo peor pero algo me decía que era la única que quedaba entre los Ferraro.”Ayuda” fue la ultima y débil palabra que pude desprender. Desee morir rápido para dejar de sufrir. No recuerdo nada mas del momento en que todo dejo de ser perfecto.
Desperté en una sala blanca en algún lugar de brasil, no veía nada pero el entorno ya no eran los fierros que me apresaban anteriormente. No llegue de la manera que imaginaba, y las vacaciones no comenzaron nunca. Un señor de pelo negro como el carbón y ojos grandes que se escondían detrás de unos extraños lentes con mucho aumento me vigilaba. Esperando cauteloso y con la pena a flor de piel. Nunca nadie me había mirado con tanta compasión. Pude ver que movía la boca en señal de estar hablando pero no lograba comprender nada de lo que quería decirme, un sonido atronador retumbaba en mis oídos. Cerré los ojos repentinamente para que el aturdimiento desaparezca pero sentí una puntada en el tórax y mi pierna inmóvil no la siento. Una imagen atraviesa mis pensamientos, un paisaje tenido de rojo en el que no se distinguen figuras enteras porque todo esta destrozado. Alguien presionó mi mano.
- Lucia, Lucia, Lucia.- era como un eco, y recordé que tenía que volver a abrir los ojos.
No tenia fuerzas para contestar y sentí un sudor frío en mi cara, todas las ganas de no despertar que tenia no terminaron bien y vencida me dispuse a volver a la realidad negra que me esperaba detrás de mis parpados. No era sudor eran lagrimas nuevamente. No quería confirmar mis miedos, esa imagen que mi cabeza me mostraba no tenia que ser real, no podía serlo.
El señor que demostró saber mi nombre me seguía llamando con una voz constante y suave como quien guarda una personalidad sin sentimientos. Tenia que ser un medico, acostumbrado a estas cosas. El debía de saber algo acerca de mi familia. Me encontré mareada y desconcertada.
Me decidí a tratar de decir algo y entre jadeos entrecortados pude trasmitir unas pocas palabras mientras el aire se escapaba de mi interior.
- ¿Mi familia?- pregunte débilmente, no me importaba quien era el ni en donde estaba yo, solamente quería confirmar que todo era mentira, las cosas tenían que ser distintas y todo iba a estar bien. En unos pocos días estaríamos todos en la playa riéndonos de esto. ¿Verdad? Si… tenía que ser así. Solo una mala pasada, un retraso. Quizás podríamos volver el año entrante y ya.
- Lucia- dijo con toda la suavidad de un cojín nuevo mientras me miraba con la misma pena del principio- estás sola cariño, sufriste un grave accidente, el coche en el que viajabas choco de frente con un colectivo y tu familia no sobrevivió, no sabes cuanto lo siento.- pero sus palabras sonaron frías, y me parecieron durar años. Todos mis miedos me aplastaron. No fui capaz de formular ninguna palabra y menos una frase. ¿De que me servia hablar? ¿De que me servia vivir? Ya no me podía convencerme ni a mi misma de que era mentira, ya no me parecía una mala pasada. No se ni que siento, ni que me pasa, ni que pienso. Estoy inmersa en la confusión, y de no ser así no estaría respirando concientemente. El señor después de una pausa, esperando mi respuesta continuo- estas en un hospital de Brasil- como si eso me importara pensé- alguien viene desde Santa Fe, creo que tus abuelos.- Eso era lo único bueno que había escuchado en este lugar, saber que en poco dejaría de estar sola, pero no era lo mismo, mi vida ya no era feliz. Se ve que intente moverme, la verdad no me di cuenta porque hacia rato que mi mente y mi cuerpo no conectaban.- No te esfuerces- continuo la voz, sin saber que sin esfuerzo ya no estaría viva- tienes un pulmón perforado y una pierna rota pero estarás bien.- Sonó a promesa, a esperanza en medio del caos. Habría sido gracioso, pero ya no distinguía las emociones.
No pensaba hablar más. La fuerza se me agotaba poco a poco como en una cuenta regresiva de las que te ponen los nervios de punta. Volví al sueño y eso calmo algo mi calvario. No se si estoy dormida o despierta porque me siento igual de extraña e irreal. Debe de ser el post traumático. Mi familia esta muerta, y yo viva. ¿Porque Estoy viva? Me retumban en mi cabeza sus voces. Entonces me doy cuenta de que no desperté porque sino ya no los escucharía. Podía ver claramente miles de recuerdos. Tiago pidiéndome que le lea un cuento… nunca imagine que seria lo ultimo que le leería; Andrés preparando las maletas, las maletas que lo llevarían a la muerte. Matías enojado por no poder salir, la ultima vez que iba a poder enojarse, la ultima vez que iba a verme a mi ahí la ultima vez que iba a ver a alguien. Papa pensando en descansar, preparando todo para el paso a la muerte; y mama frenética por dejar todo bien en casa para que alguien más la cuide, sin saber que ya no iba a volver nunca. Que injusto todo, ellos en algún lugar del cielo, y yo aquí de milagro.
Ni mis sueños eran un lugar para descansar de la realidad. Algo me atravesó el pulmón me quede sin aire repentinamente y desperté con una puntada en el tórax. Una enfermera intentaba calmarme. Me estaba revolviendo en una torturante pesadilla. Ella me decía algo como, “te vas a lastimar” pero ignoraba que ya no podía lastimarme más. Mi corazón aun no dejo de sangrar. Pero de alguna manera inexplicable sigue latiendo, sigue luchando. Y le cuesta. La única explicación que le encuentro es que trabaja solo, sin escuchar mi cabeza, porque si así fuera ya no tendría ganas de trabajar.
Pasaron más días, muchas personas me visitaban, con jeringas, que en otro momento me abrían asustado o impresionado. Otras intentaban dialogar conmigo, busque fuerzas para responder y en algunos casos lo logre. Me decían que debía pensar en mi futuro y que iba a encontrar la manera de ser feliz con otras personas, que no me diera por vencida porque no estaba sola y era una persona maravillosa y fuerte. Y que Dios es sabio, y nos ama, entonces nunca iba a darnos una mochila que no podamos cargar. Era irónico que me hablaran de Dios cuando me sentía así, pero extrañamente no le echaba la culpa a el.
Me entere también en este tiempo que no se cuanto es, que salí en todos los noticieros, nunca habría imaginado que iba a aparecer en los noticieros a los cuales no le preste atención aquella ultima noche en casa, en familia. Supe que mamá manejaba al momento del choque, y que el auto de adelante se abrió para adelantar un camión. Pero cuando ella quiso hacer lo mismo se estrello con un colectivo de frente, y no solo murieron 5 personas, también dejaron la vida en ese momento otros mas del colectivo.
Seguí adelante, convencida en llevar mejor esto que tenía a lo que llamaban vida. Mi salud se reconstruía un poco a cada momento y me recuperaba bien. El estuche al menos estaba mas sano.
Cuando vinieron por mí más familiares me reconforte mucho, podía ver en ellos la inmensa pena que me estremecía cada segundo a mí.
Volver a Santa Fe también fue un alivio. No pensé extrañar a mi país. De algún modo pensaba que iba a despertar en cualquier momento y que me iba a encontrar en aquel auto abrasada a mi almohada después de una pesadilla cruel y sentida. Pero esa idea se fue apagando conforme seguí progresando.
Tarde o temprano lo iba a tener que asumir. Yo aquí en la tierra, ellos allá en el cielo. Morir es fácil, ya no sienten nada pero vivir es difícil porque hay que llevar toda la carga en la espalda. Entendí que debía permitirme acepta ayuda.
A casa no pensaba volver, porque no se si soy capaz de soportar la esencia que aun sigue ahí de mis queridos padres y hermanos.
Las lágrimas no han dejado de caer, pero es señal de que sigo viva.
Ahora voy a vivir en Santa Fe. En Internet me siguen mis amigos y muchas personas más que se conmovieron por mí. Muchos me extrañan y están ahí para ayudarme a caminar.
Mi vida no termino, y un desafío me enfrenta. Lo tome desde el día que me desperté confundida en esa cama de Brasil. Progresar, salir adelante es una promesa que me ofrece el hoy para vivir en el mañana.
Hoy entiendo que ellos no quieren que los recuerde con una lágrima, entendí que mis padres me dieron bases para el futuro y no quieren que las desperdicie si tengo la oportunidad. Por eso decidí quedarme con los buenos recuerdos y la inmensa gratitud de haberme enseñado tanto. De a poco progreso más y más. Y hasta las sonrisas pueden volver a florecer en mi rostro. Porque desde arriba me cuidan y desean que salga adelante.
El mañana me espera con algo que se llama futuro.
Yo lo viví desde afuera, me emocione, temblé, y un frío me envolvió desde la garganta hasta los pies. No fui capaz de ponerme en el lugar de esta valiente llamada Lucia Belén Ferraro. Pero aprendí que hay que vivir el momento, y que ningún problema carece de solución, solamente hay que ponerle ganas, porque la vida no es fácil pero merece la pena vivirla.
La historia se adapta a la realidad, aunque no en detalles que ignoro. Es un homenaje de alguna manera a ellos que descansan en paz, cuyos nombres se deben glorificar como merecen: Gustavo Andrés Ferraro; Leticia Noemí De Buck Santin; Matías Nahuel Ferraro; Andrés Lucas Ferraro; Tiago Benjamín Ferraro, que en paz descansen
. Que se aprecié el esfuerzo de muchos familiares que sufrieron una perdida y un dolor que va mas aya de la pena que puede tener alguien que lo ve de afuera. Se debe aplaudir a esas ganas de sonreír como las que se ven reflejadas en la carita de esta pequeña mujer que merece respeto.
Familia Ferraro a seguir adelante como lo hicieron hasta ahora. Fuerza.
Antonella M. Varela.