Muchas veces
me pongo a pensar en cosas sin sentido, de ellas surgen algunas otras más
importantes. Miedos, dudas, preguntas sin respuestas.
Pero también existen los aspectos positivos como la felicidad, las
mariposas en la panza, la ilusión impresa en los ojos, el constante
pensamiento mágico, las ganas de enfrentarlo todo y
el empujón para jugársela.
Pero, clasificar sentimientos, distinguirlos. Saber lo que uno
siente no es nada fácil a veces. Peor todavía si
se sufrió mucho por alguno de ellos en determinado momento de la
vida, sin importar edades.
Pensar, puede ser el peor enemigo de la soledad. Pero es tan
necesario como respirar, si no pensamos no vivimos. El sufrimiento tanto como
el amor, la amistad y cualquier otra cosa forma parte de vivir.
A veces creo que no puedo seguir adelante. Pero otras veces me
apuro mucho porque me siento con mas fuerzas...El arrepentimiento juega en
contra.
El miedo a no ser correspondida es algo que aguarda siempre en la
orilla del fracaso. En las costas del pasado se potencia el temor, pero el
brillo del futuro es como el viento que impulsa la vela de mi balsa. La corriente
cambia muchas veces y para ello tengo remos. La vida nos da una meta, una
dificultad, y variadas herramientas para no rendirnos nunca. La experiencia es
algo que nos otorga el tiempo y no puede ser medida proporcionalmente.
Nacer es como meterse en un juego que no tiene reglamento, ni
instrucciones pero que vale la pena jugar. No sabemos cual es el beneficio ni
el sacrificio hasta que lo tenemos a los pies. No sabemos cuales son los
verdaderos atajos, ni cual es el camino largo tampoco.
Nos pasamos mucho tiempo mirando los errores, los mismos que
volvemos a cometer una y otra vez. Muchas veces también, nos fijamos en
las cosas difíciles y enroscadas de la vida y perdemos esa
actitud de naturalidad, de detallismo por las cosas simples y hermosas; regalar
una flor, ver el roció de la noche en la hierba por las mañanas,
escuchar el canto de los pájaros, mirar las estrellas, imaginar las formas
de las nubes, cerrar los ojos al hamacarnos, sumarse a la risa de un
bebe o hacer caras raras frente al espejo.
Perdemos sensibilidad con el tiempo, y nos creemos
experimentados. Dejamos atrás las cosas buenas para hacernos maduros,
cuando deberíamos usar el pasado como guía positivo. Le tenemos miedo
al fallo. Nos escondemos del dolor, en la casa del silencio.
El amor es
cada vez menos real en este mundo cada día más ficticio. Pocos son los que realmente
entienden la vida. Poco se juegan todas las fichas por las cosas que lo
valen.
El miedo al dolor, el rencor, y la memoria dañada no nos permite
seguir jugando, y así perdemos turnos hasta que el destino se proclama
vencedor. Dejándonos atrás de nuestras propias vidas.
No nos
arriesgamos a amar para no lastimarnos pero no decimos que no a los vicios que
realmente nos matan.
En tantos años
de vida que lleva el infinito universo no se ha podido encontrar aun un humano
sin errores, sin fallos y con la formula perfecta de la vida. Por eso lo más
preocupante no debe ser el fallo, sino las ganas de intentarlo de nuevo. No
dejemos que la corriente nos ahogue si podemos mantenernos dentro del barco.
El miedo no va
a morir nunca, y a veces se puede llegar a tornar positivo sentirlo. Pero no
podemos permitir bajo ningún punto de vista dejar que sea un impedimento en los
sueños.
Desterrar las
dudas del corazón no es una tarea de corto plazo pero por ello tenemos tanto
tiempo. El corazón tiene derecho a sentir y la mente no puede detenerlo cuando
esta realmente decidido. Una meta lleva a la otra y los recuerdos son los
premios de este juego que es vivir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario