Traía escudo, flechas y una gran armadura de metal que me pesaba cada día mas...pero que a la vez me protegía de ciertos daños.
Fue un tanto absurdo pensar que los malos tratos, la minimización de los sentimientos, el vivir sin pensar en nada mas que en mi iban a cambiar el dolor que alguna vez pasé por culpa del desamor.
Encerrarme dentro de mi mente y reprimir el corazón era cada día más doloroso.
Estabilidad, esa señorita fantasmal que se encarga de no llegar nunca…la busque decididamente, la tuve agarrada de la mano por un escaso tiempo…pero se desvaneció cuando te conocí.
Era una noche en la que no quería recordar nada de mi pasado, con una copa de alguna bebida “relajante”, un poco de música que ahogase mis pensamientos…y poca luz para no ver lo que no se quiere ver. Caminaba sola, sin preocupaciones, llevándomelo todo por delante, con aires de superioridad.
Atraía con mi perfume, endulzaba con mí caminar, y atontaba con mi voz…pero mordía con la mirada…tan tenaz como el fuego al abrazar una rama seca.
Ahí fue cuando te vi…algo parecido a mí, pero tan distinto a la vez.
Fruto prohibido de un conocido árbol…no era la primera vez que te veía, pero por alguna razón enredada del destino ahora ya no era lo mismo… un aire caliente se sentía a la distancia… sabia que me mirabas con otros ojos tu también pero mi escudo no me permitía ver. Estaba sobrepasando mis limites, pero no podía parar… esto no fue nada comparado con lo que le siguió.
Rozaste mi mano, el fuego que eso conllevo fue aun mas fuerte que aquel que usaban mis ojos para espantar…tanto así que apago todas mis defensas. No me diste ni tiempo a pensar, dure bastante resistiéndome. Tu olor, tu voz…caí en la trampa, la misma trampa que usaba yo…pero mejorada.
Busque mirarte a los ojos, no estoy segura si fue para usar el poco fuego que quedaba dentro de mis ojos, con una minima esperanza de espantarte o si simplemente la que quería espantarse era yo, pero para terminar de envenenarme en la dulzura de la atracción en la que nos envolvía el momento, me encontré con una mirada despreocupada y sumamente natural.
Siguió la noche, ya no era lo mismo no sabia cuanto tiempo transcurría…contestaba sin pensar era espontánea…y así te conocí…casi finalizando la noche di el primer paso en falso…el paso que haría que las cosas ya no volviesen nunca a ser como antes eran. No me arrepiento.
Cuando tu brazo fuerte como el hierro rodeo mi cintura dejándome a unos escasos centímetros de tu boca, mi primer reacción fue endurecerme y mirar para otro lado…escuche tu risa, esa risa burlona que hacia mas difícil la hazaña de ignorarte… cuanta crueldad junta, ¿cuantas pruebas mas tenia que pasar para ser la misma de antes? Claro que ninguna, era evidente que ya no había marcha atrás…seguía en mi postura de piedra cuando reaccione y vi que te acercabas, me estabas diciendo algo al oído…no me diste tiempo a entenderlo porque cuando pude ponerme a pensar sentí el calor mas fuerte. Mis ojos se cerraron instantáneamente sin orden alguna, tus labios que habían estado a centímetros ahora estaban sobre los míos, quemándome de tal manera irresistible, haciéndome pensar que ya nunca me iba a sentir sola…
En mi mente escuche los ruidos del metal chocar contra el piso, destruías parte de mi armadura que caía retumbando al morir en el olvido.
Esa misma noche al volver a casa en mi mente se escondía solamente un pensamiento repetido…ese beso.
Paso le tiempo, cada día juntos era mejor, no esperaba que progresara todo de ese modo, pero paso, sin dar explicaciones y sin hacer preguntas
Debíamos mantenerlo oculto, porque nuestro cariño era prohibido, no tenia mucho sentido, no estábamos robándole a nadie y ambos éramos libres, pero por esas cosas enroscadas que uno no comprende bien.
Pasaron días y más días hasta hoy. Pasar tiempo juntos es pura alegría, despreocupación, risas…eso que alguna vez conocí como amor.
Cuando no te tengo conmigo me invade la ansiedad de volver a verte, la preocupación de que pueda pasarte algo, esas cosquillas en la panza cuando se que estar por llegar, ilusión en mis ojos, esperanzas de volver a ser feliz, pero miedo a perderlo todo de nuevo, a que cambies a que ya no vuelvas, no podría soportarlo.
Cambiaste mis flechas por besos, que flecharon mi corazón, cambiaste mi escudo por una rosa, roja como nuestra pasión y mi armadura por un vestido brillante como el sol, el mismo vestido de antes…el que me adornaba cuando era realmente yo, una niña sensible, que creía en el amor, la que se llenaba solo con una sonrisa, pura, fiel, cariñosa, que prefiere dar en vez de recibir.
Extrañarte es mi adrenalina, y verte recarga todas mis energías, un abraso puede curar cualquier duda, una mirada sensible mata cualquier rastro de celos que pueda tener, y un beso fulmina toda inseguridad.
La felicidad del cálido amor resumida en tres palabras “tú y yo”
No hay comentarios:
Publicar un comentario